Carretera
Hay
quienes piensan, me cuento entre ellos, que la poesía da para cruzar el sendero de campanas que es el
instante de estar solo con uno mismo.
"La poesía que busco es como un diario en donde no hay proyecto ni medida" José Emilio Pacheco
domingo, 22 de noviembre de 2015
viernes, 20 de noviembre de 2015
Todo a cien
De la vida prestada
Por Pedro Suárez
Para el filósofo rumano Emil Cioran el espermatozoide es un bandido en estado puro, y tres o cuatro florituras estrambóticas lo complementan, añado yo. ¿Exagera Cioran su dosis de escepticismo al desdeñar de esa manera al dueño de la cúspide de la pirámide alimenticia? Pienso que no, mucho menos cuando afirma que el hombre no pasa de ser un vulgar idolatra del fragmento. El cielo y el infierno, el negro y el blanco, el bueno, el malo y el feo -para hacer homenaje a ese viejo spaghetti wéstern que tanto me gusta-, forman parte de esta formula simplista del asunto.
Despejada la ecuación que conduce al hombre a cometer horrores tan dantescos como el de los atentados terroristas en París, no queda más que cruzar los dedos y esperar el golpe. Uno da por cierto que el horror empuñó una guadaña que se afinca en el poder de las comunicaciones de nuevo cuño, y no habrá hueco o escondrijo donde guardase y estar a salvo. El placer que produce la muerte del prójimo ha devenido en espectáculo. Placer para el que mata y para el que lo justifica. Ya no se aspira a quince minutos de gloria, como pronosticaba Andy Wharhol, si no que todo se reduce a un vídeo de minuto y medio, y las redes sociales para darle esa curiosa ciudadanía de viral. Así como las bacterias se reproducen constantemente sobre sí mismas, también las causas para matar estarán al día y tendrán su oportunidad para beber la sangre que le sea necesaria al motor que la reclama, y este no es otro que el odio y el fanatismo.
Es un nuevo amanecer el tiempo de estas masacres. Y no soy optimista
@pedrojsuarez
jueves, 12 de noviembre de 2015
Todo a cien
De la vida regalada
Por Pedro Suárez
Matías es cardiólogo y padece de un extraño horror por el ocio, no le gusta estar sin hacer nada, entra en pánico si después de lo que termina de hacer no viene otra tarea. Mientras me toma la tensión leo una frase que descansa en su escritorio, está impresa en el papel glasé de un impecable catálogo que edita una empresa fabricante de medicamentos; el autor del texto me llama más la atención que la frase en sí misma, dice Francisco Umbral, que la suscribe, algo así: "El hombre que se inventa pasiones es tan héroe o más como el que las vive".
Con esta tensión yo me voy a morir primero que tú, me tranquiliza el doctor Matías, mientras me da una palmada en el hombro. ¿No tiene nada que ver si usted se inventa más pasiones que yo?, le pregunto. De inmediato advierte que estoy redibujando la frase del catálogo, y se ríe. Su respuesta aparenta no tener nada que ver con lo que le pregunté pero justifican estás líneas. Me confiesa, como el que mira para los lados, que desde que suspendió la consulta de la mañana debe soportar largas horas de angustia. En los últimos viente años no había hecho otra cosa que leer electrocardiogramas y prescribir medicamentos. Se siente culpable, piensa que pudiera hacer algo más útil que no hacer nada. Piensa en lo que deja de ganar y se da cuenta que siempre ha trabajado para ganar mas y para comprar cosas que pasan de moda o que se las traga el herrumbre. Lo consuelo recordándole que no hacer nada tiene su gracia y que renunciar a la vida regalada se entiende en idealistas como Don Quijote pero que en mortales de a pie como nosotros el ocio es una virtud que debe ser cultivado con devoción. Mi argumento no lo convence, Matías insiste en que lo de él es una angustia que le aguijonea debajo de las costillas. Dice que más parece aburrimiento, sí, que se aburre. Le contesto que uno no es lo que hace si no que hace lo que es. Abre los ojos y se encoge de hombros. Aquí no hay nada que hacer, siento que me despido de un hombre que no está en ninguna parte. Antes de salir le digo que una vez leí un poema de Charles Baudelaire sobre el hastío. Puede ser, me responde Matías.
@pedrojsuarez
miércoles, 7 de octubre de 2015
viernes, 25 de septiembre de 2015
El mexicano César Miguel
Por Pedro Suárez
Allá era el Hombre del Saco, aquí su equivalente sería La sayona, El silbón de la sabana, o La llorona; el caso es que la Unidad de España, para Juan José Millás y los jóvenes de su generación (hablo de la generación que padeció la dictadura de Francisco Franco), era más temida que el protagonista de la leyenda popular. En nombre de la Unidad de España, afirma el autor de La mujer loca y Lo que sé de los hombrecillos, entre tantos títulos, se podía matar, torturar, meter a la gente en la cárcel, negar el acceso a la universidad, y todas las atrocidades que usted pueda imaginar.
La historia que gusta repetirse y el hombre que son todos los hombres coloca en nuestra Venezuela de hoy el concepto de patria como la mejor coartada para sacarte del juego, de cualquier juego. La patria dejó de ser un bien común para convertirse en un fetiche, en un método de persecución y en una escuelita para aprender teoría y práctica de fascismo. La patria sirve ahora para ilustrar el reverso de una lata de atún, y para medir el grado de nacionalidad en sangre de intelectuales, empresarios, humoristas o galleros. El comunicado de Conatel que le enmienda la tarea al escritor y hombre de radio César Miguel Rondón parece sacado de una página de1984, la post profética novela de George Orwell, quien solo hizo la caricatura de los regímenes totalitarios de su tiempo. Se le recrimina al periodista Rondón el ritmo de sus silencios, el factor de sus preguntas y los tiempos que se toma para hacerlas. El despropósito es del tamaño del método de un censor que gesticula por el uso del punto y coma en un novelista o por la longitud métrica de los versos de un poeta. Apela Conatel a lo que obscenamente deja pasar por alto en la nomenclatura del poder que les otorgó el papel de comisarios, y no les importa que la patria quede para meterle miedo a la gente. El caso es que el miedo puede ser pasajero, cuando no, risible, como las acciones que hoy acomete Conatel contra el “mexicano” César Miguel Rondón.
@pedrojsuarez
miércoles, 16 de septiembre de 2015
Ovillo de gato
Sufro el cansancio de regresar
me agrada más pinchar en el ojo de la costumbre
tanto como escudriñar la dirección del viento
con la punta de un deseo que no me abandona.
Me agotan las moralejas
el desaliñado, por pueril, avatar
la explicación en negrilla
los sentimentalismos de alquiler
el consejo oportuno
los héroes a pesar de sus torpezas
y el final feliz.
Celebro, en cambio, el portazo en las narices
el apretón de manos, el c´est la vie, el me da la gana
el me distraje y llegué tarde o no llegué.
Ulises ha sido escuela en esto y aquello de fingir
ansiedad por lo que guarda la impiedad de fiestas
donde espera el lobo y el hastío.
Nada de héroe troyano.
Esto es un sinsabor con arrestos de cebolla
una migraña de puentes sobre mares de arena
donde cambio la piel cada vez que el sol repite su caída.
Nada particular
me descubro en el redil de un café
recitando el mantra de estas palpitaciones
mientras veo alejarse unas caderas por un aclimatado pasillo de mármol
donde se escuchan sus pasos y reverbera el neón.
* Del libro inédito (y en busca de editor) Toque antes de entrar
domingo, 30 de agosto de 2015
Guillotinadas
El sueño de un dictador: Que le
teman.
***
El sueño de una dictadura: Ser
eterna.
***
El sueño de un régimen
totalitario: Ser omnisciente.
***
El sueño de un paniaguado: Que su
amo le pase la mano por la espalda.
***
El sueño de un régimen militar:
Que la gente obedezca.
***
El sueño de un policía: Que la
delincuencia se quede en casa mientras está de guardia.
***
El sueño de un militar: Tener un
subalterno a disposición para humillarlo.
***
El sueño de un corrupto:
Encontrar una acabala para ofrecer la mordida.
***
El sueño de un chismoso: Ser
testigo, escuchar, pillar in fraganti.
***
El sueño de la velocidad de la
luz: Que la alcancen, la pobre siempre va adelante.
***
El sueño de la velocidad del
sonido: Que nadie la escuche.
***
El sueño de un pulpo: Que lo
presenten en sociedad.
***
El sueño de un cangrejo: Caminar
con la frente en alto, y hacia delante.
***
El sueño de una abeja: Que la
reina no advierta que salió de vacaciones.
***
El sueño de un cochino: Que no
llegue el sábado.
***
El sueño de un torturador: Que
alguien tenga miedo, y lo contrate.
***
El sueño de un matemático: Sumar
acordes de música, que es como se construye el universo.
***
El sueño de una pregunta: Valer
más de 64 mil lochas.
***
El sueño de una conjetura: Que la
formule un genio, y la resuelva un tonto.
***
El sueño del mar: Que Ulises haga
de nuevo su viaje de regreso.
***
El sueño de un pez: Volar como un
águila.
***
El sueño de una mariposa: Durar
un día más.
***
El sueño de un Samurái: Que su
haraquiri sea tan breve como un haikú.
***
El sueño de la luna: Desnudar su
lado oscuro.
***
El sueño del vino: Hacer de celestina
antes que se agote la botella.
***
El sueño de un insomne: Que no
llegue la noche.
***
El sueño de un idiota: Que nadie
se de cuenta.
***
El sueño de un avaro: No tener
nada que dar.
@pedrojsuarez
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