lunes, 9 de diciembre de 2019

Razones esdrújulas


Hitler iba adelante

La iconografía lo muestra en un Mercedes Benz descapotable, con su clásico saludo de la mano derecha extendida. Aparecía hierático, a escasos centímetros del parabrisas, era que le gustaba ir en la parte delantera. Prefería ese puesto porque los judíos ricos, los oligarcas, los industriales, la gente que, según él, despreciaba el pueblo, a los pobres, viajaban en el puesto de atrás. Ese detalle lo hacia distinto, ese gesto traducía su ¨amor¨ por los que menos tenían, por los alemanes postergados, por los de raza pura, superior, la aria; antes había autorizado la construcción del Volkswagen para que todo el pueblo pudiera tener carro propio. 
Así encantan los demagogos y populistas, esa es su chistera para cumplir el acto de multiplicar el odio, y sembrar el resentimiento contra los que le ``robaron´´ su glorioso pasado; de allí sacan conejos, corazoncitos y, cómo no, las lágrimas a quienes se dejan encantar. La historia, si para algo sirve, es para dejar espejos donde podemos verle la cara a las imposturas, y a los impostores.

Nota

Razones esdrújulas cerraba la columna Remiendos, que por casi diez años publiqué en el Diario Correo del Caroní. En ese espacio me dejaba ganar por la ¨razón poética¨, y le huía a la insufrible realidad que trae consigo la actualidad noticiosa. En días pasados encontré una carpeta donde reposaban algunas copias de Remiendos; releyendo, sentí que lo único que podía salvarse eran las esdrújulas de Remiendos. Aquí las dejo para mis lectores. De a poco las iré publicando. 

lunes, 18 de noviembre de 2019

Estas son noticias, en forma de noticas


Prueba Microscópica * 


Este libro, en construcción y ahora reducido a semilla, nació como idea en los días próximos a la publicación de ¨Brindis para irse¨. De a poco, y sin otro motivo que el nombre tentativo de lo que deberían ser ensayos en el aire, asomos, escritos que tomaran distancia de lo que hasta ese momento había sido mi voz, fui acumulando textos que de manera esporádica guardaba en esta gaveta. En ocasiones eran simples anotaciones, proyectos de poemas en los que solo aparecía una línea, un verso quizá. El caso es que ¨llegó¨ ¨Toque antes de entrar¨, y, como su nombre lo indica: entró sin pedir permiso ni preguntar. En la práctica, secuestró parte de los poemas que había escrito para ¨Prueba microscópica¨. Hizo músculo el tal ¨Toque antes de entrar¨, y es posible que en el primer trimestre del año 2020 haga su aparición en papel; acompañando a ¨Remiendos¨, ¨Perfil de aguja¨, ¨50 haiku para amarrar el sol¨, y ¨Brindis para irse¨; todas, ediciones agotadas, que en forma de suma poética intentaran escurrir el inequívoco olvido.

domingo, 17 de noviembre de 2019


Una muesca de dos números iguales





I
Me gustan los poetas tipo José Emilio Pacheco o Rafael Cadenas, poetas que cierta timidez confundida con un oportuno escepticismo los llevaron al saludable estadio de huirle al vicio de tener la razón. Por eso Cadenas alcanza uno de sus momentos más elevados cuando reconoce la derrota como un sino de su vida. Por eso el mexicano Pacheco se declara apatrida, de esos que aman el temblor de los ríos de su nación, y la brisa de sus montañas, pero que nadie lo mueve al descreer en banderas y en dogmas que como el maíz se le lanzan a los incautos para que alimenten sus convicciones. Así era Abraham Salloum Bitar (ASB), le huía a las iglesias y a los dogmas absolutos, no en vano fundó su Escuela de Dudas, recordada columna periodística que daba nombre a sus artículos. Desde allí asomaba su cabeza al mundo y nos decía: ¨A mí me parece¨. Luego, en el incienso de su no-iglesia, abonaba en la luz de la llama en vela que fue su obra escrita y que lo conserva en la memoria de los que tuvimos la suerte de conocerlo.

II
A mí me parece que la poesía no pide que nos quitemos el sombrero para ingresar a sus patios, pero como Fernando Pessoa -quizá el escritor más importante del siglo XX en lengua portuguesa- pienso que la historia espiritual de un país lleva algunos gramos de otra verdad si se asocia a la voz de sus poetas. Para Pessoa, era imposible entender a los griegos sin Homero; a Inglaterra, sin Shakespeare; a España, sin Cervantes; a Portugal, sin Luis de Camoes; a Francia, sin Baudelaire o Rimbaud. Luego, a mí me parece que ASB estaría feliz al saber que en su nombre y memoria se convoca a la poesía para que extienda su voz en la voz de los poetas. Pero también me parece, y no es ocioso acotarlo, que será difícil armar el ajedrez de la poesía venezolana de final del siglo XX y de principios de éste que comienza sin leer las páginas que dejó ASB en sus ocho libros publicados.

ABS nació en Siria, en el pueblo Ayoun El Wadi, en 1953; su infancia y adoslecencia la vio transcurrir en Angostura. Se vino de Siria en 1956, movido por las costumbres políticas de su padre; traía los ojos llenos de arena y se los lavó con agua del Orinoco y en los atardeceres de Ciudad Bolívar, donde falleció el 21 de mayo de 2005.


De él se dice que era un príncipe llegado desde un lejano país de arena y piedra, otros que era la reencarnación de un camello que amenazó con secar las aguas del Orinoco; no se sabe cómo ni cuándo pero se da como verdad indiscutida que supo bañarse dos veces en el mismo río; se insiste en que era un cartógrafo del alma, hombre entregado a leer en las vísceras de los días como quien busca señales en un oráculo; algunos lo acusan de haber sido tipógrafo y psiquiatra de Nietzsche, que había participado, con un cansado y ciego Jorge Luis Borges, en la construcción imaginaria de una Biblioteca infinita; los más exagerados hablan de su amistad con Platón, y refieren sus largas discusiones con Aristóteles. Discípulo de Cioran, ensayaba mínimas y lacerantes elucubraciones donde sometía al escarnio la supuesta bondad del hombre; insinúan que en sus ratos de ocio dedicaba el tiempo a componer arduas e inútiles ecuaciones matemáticas, que tenía por costumbre escribir versos para nombrar a Dios, dibujar laberintos y exorcizar incubos. De México se trajo la costumbre del tequila, que lo tomaba como el que conversa en susurro, pero sin el miedo que inunda las páginas de Pedro Páramo; si se le prestaba atención a los dedos de sus manos podía inferirse que la música se encontró con ellas en las calles de un piano imaginario. Salsero como era, le gustaba el jazz, las peripecias vocales de Héctor Lavoe e Ismael Rivera; es verdad irrebatible que tuvo mujeres y amó a su hijo Gabriel con la nostalgia que sentía Ulises por Telémaco; caminaba y hacia sonar con su voz los adoquines de la vieja Angostura mientras las campanas de la catedral sonaban a su espalda, de esto último fui testigo en tardes que se trasmutaban en noches de domingo y palabras.

¿Quién es éste que es?

Pues quien sino Abraham Salloum Bitar (ASB), el poeta, el filósofo, el matemático, el erudito, el poeta eterno de Ciudad Bolívar que ya no recorre sus calles ni le canta a las aguas del Orinoco porque se fue a la otra orilla.
De la lectura de la obra de ASB se pueden extraer dos certezas, dos convicciones. La primera de estas certezas es que Abraham es de esos hombres que sirven para explicar el efecto mariposa: su partida desencadena fuerzas ocultas que hacen que el mundo sea distinto, diferente. 
La segunda certeza, la que lo mantendrá en la memoria de los amantes de la poesía, es la de que ASB es un poeta excepcional, quizá uno de los más grandes poetas del siglo XX venezolano, y uno de los más importantes de habla hispana. 

III
Su palabra

La fuerza de sus versos queda para los lectores venideros como esa llama que no cesa. El lector podrá comprobar, si se expone la poderosa luz de esos versos, que ASB decía verdad cuando declaraba que: “este soy yo y me miro recorriendo el camino entre Dios y nada ̈. Y es que ese es el camino del poeta, crear para decir y decir para ser ese Nadie que permitió vaciarle el ojo al Cíclope. Es pues la “astucia” de la inteligencia y el instinto de poeta lo que puede leerse en su palabra, a ella se entregó toda la vida y sólo a través de ella pudo decirnos estoy y estuve aquí.

*Abraham en tono de Bienal
Parte de este texto fue leído, el 31de mayo de 2014, en la entrega del premio de la Bienal ASB, y se fue reescrito para la celebración del 66 aniversario del nacimiento del poeta ASB.
Pedro Suárez

martes, 29 de enero de 2019

Usado y sin caja


Este iPod
es de esos que le das con el dedo
y los nombres de las canciones bailan como en el hielo.
En la caja decía Touch de 16g
con capacidad para 5 mil canciones y tantas fotos
conexión wifi y pantalla retina.
Te describo el contenido de la caja porque el iPod es viejo.
Lo compré para mi hija
pero a ella le queda pequeña la música y negoció
conmigo otro bichito 
uno con el que pudiera, además, navegar, hablar y escuchar música.
En mis manos le abrí el vientre, al iPod
le confié mi ID de Apple y le vacié 
tantas canciones como indicaba la caja
pero no las que decía la caja porque no ordenaba qué bajarle.
Te cuento y para contarte tengo que confesarte
la razón del tono y ruego de permiso para regalarte un iPod viejo.
Y es que no sé si te gusta Mika remedando a Freddy Mercury
o si su Grace Kelly ponga en duda la voz del inglés.
Cómo adivinar si John Mayer te llega a parecer demasiado melódico
o si Buika exacerba tu alergia.
Acaso, me pregunto, si Bobby McFerrin te parecerá lento
Sodade de Cesaria Evora, cosa de viejos
los solos de Eric Clapton y sus blues, lánguidos
el Bad to the Bone de George Thorogood, trillado
Julieta Venegas, Juan Luis Guerra, Juanes, Eliane Elías
Miles Davis y su trompeta para caminar por la playa
el Paul McCartney de Kisses on the Bottom.
Pienso que Robbie Williams te ayudará 
a recortarle los dientes a las largas noches en tu celda
junto a las Toccata and Fugue in D minor de Bach
me pregunto por el poder de sanción del Madama Butterfly de La Divina Callas
Ray Barreto, Joaquín Sabina, Cerati, el Miguel Bosé de Papito
Jonny Lang, Sting, Armando Manzanero, Ennio Morricone.
Es un iPod viejo y lo que importa es que puede vencer su vejez
Dorian Gray lo envidiaría 
renace y se recrea a la orden de tu momento.
Se rehace Beatriz, se hace de ti
necesita de tu universo y del cinetismo de tus sueños 
Doy por cierto que no será indiferente a la necesidad de tu oreja
la misma por donde Rabelais puso a nacer a Gargantua.
Es un iPod viejo Beatriz pero no es de garaje
nunca estuvo a la venta
déjame regalartelo.

* Si Beatriz habita en el infierno, donde toda incomodidad tiene su asiento, como Cervantes dijo de una prisión, y recibe de regalo un túnel de música, ¿acaso será verdad que logra su libertad?

viernes, 12 de octubre de 2018

Notas desabrochadas

Pedro Suárez 
y el poema como geografía postal
Carlos Yusti • Lunes 8 de octubre de 2018



Mi amigo el poeta Luis Alberto Angulo ha dicho que soy sordo para la poesía, pero en realidad soy sordo no para el mal poeta, sino para el poeta maluco; es decir, mala entraña, trepador que amiguea los premios literarios y enchufoso con eso de los cargos culturales como creo que aseveran que fue el gran Pablo Neruda, paro no meterme con los del barrio local, y en esa tónica.
Uno siempre asocia al poeta con el santo (ese de yeso y estampita) por eso de la austeridad y lo frugal de su existencia, consagrado, con humilde fe, a su trabajo poético. Bueno y en ocasiones contadas hacen milagros con sus poemas, que ya es decir bastante.


Entre los pocos amigos poetas que tengo debo contar a Pedro Suárez. Aunque es necesario aclarar que primero fui lector del poeta y por esos azares literarios (o cortazarianos) de la literatura nos hicimos amigos.

Me gustaban sus poemas a pesar de mi sordera proverbial para la música del poema; me agradaba su tono breve, pausado, como si el poema lo pensara con serena calma. Después de conocerlo y saber su condición lo admiré sin precaución alguna. Para mí escribir era un dolor de cabeza y un sufrimiento; no obstante Pedro Suárez escribía desde esa otra orilla donde la alegría es un equipaje para el escape insólito, para la huida fantástica e imaginativa.

Desde entonces le profeso no sólo admiración, sino un respeto sincero, ya que uno siempre anda en plan de fracasista en eso de encontrar la frase o la palabra adecuada, de encontrar el ritmo insondable del corazón para que lo escrito suene de lo mejor en el papel o en la pantalla del computador; pero Pedro Suárez sabe que fracasar no es ni siquiera una opción y que de nada vale estructurar el poema en la cabeza, elaborar mentalmente toda la trama de una historia y después darse de bruces al momento de convertir todo eso (que fluye en la mente) en palabras, en palabras que hagan milagros y no literatura. Que es necesario arrojar mucha basura escrita a la papelera, que se requiere mucha entereza para tachar, lijar, podar muchas palabras hasta dejar las adecuadas. Pedro sabe a conciencia que a la hora de escribir no es bueno dejarse vencer por los vaivenes de la vida, por esa realidad de metal empobrecido que coloca trampas, trabas y requiebros que buscan hundir a cualquiera en el abismo. Que la vida y la realidad hay que cernirla con literatura para salvarse, para darle otro color y otra música menos tiránica. El poeta Pedro Suárez sabe que la literatura (leída y escrita) es la gran aventura, que es necesario enfermarse de literatura para curarse de todos los diagnósticos adversos, de todas las patologías malsanas que nos acechan. La literatura como oficio vampírico que absorbe literatura en todos lados, e incluso en esos papeles sueltos arrojados en la calle de los que escribiera Cervantes.


En la ficha de datos que preparó Oscar Pirrongelli Seijas en su libro Antología de la antigua y la actual poesía guayanesa, escribe: “Pedro Suárez (Upata, estado Bolívar, 1961). Como cultor y poeta ha desplegado una encomiable labor en Upata, su ciudad natal; fue director de cultura de la alcaldía, fundador y director de la revista de arte y literatura Predios; vicepresidente del fondo editorial del mismo nombre. Un accidente de tránsito que le inutilizó sus piernas no fue obstáculo para continuar su actividad literaria desde una silla de ruedas. Ha publicado, entre otros títulos, los siguientes: Remiendos, con el que ganó el premio Tomás Alfaro Calatrava en la ciudad de El Tigre; Perfil de aguja, editado por Monte Ávila Editores; Cincuenta haikús para amarrar el sol, editado en la colección Al Sur de la Gobernación del Estado Bolívar, y Colinas y colindantes, antología de poetas actuales upatenses, publicada por el Fondo Editorial Predios”.

En sus diarios Alejandra Pizarnik escribió: “¿Por qué escribo? Para asombrarme, yo, que nada sé de las palabras”. En lo personal creo que todo poeta escribe para asombrarse/asombrar con metáforas a los demás. Descubre en el tejido de las palabras un trasfondo particular. Pedro Suárez va hasta el fondo del lenguaje con un dominio absoluto de las palabras, y no por azar Francisco Arévalo ha dicho: “En Pedro Suárez hay un dominio inteligente del lenguaje. Tiene una estrategia muy personal para encarar la escritura poética. Hay una limpieza táctica y vehemente de la forma, del estilo. En sus ensayos breves (o en sus textos de opinión) hay como una luz ácida. Sin duda Pedro está equipado con muchas lecturas y un manejo venenoso, sin dejar de ser elegante o benigno, del lenguaje. Hace malabares con la ironía y su mordacidad inteligente brilla entre líneas en sus textos como pequeñas alimañas de cuidado”.

Teresa Coraspe, por su parte, destaca en Pedro a un poeta en varias direcciones, y en tal sentido ha dicho: “Pedro Suárez tiene una voz poética que se ha consolidado con el tiempo. En él hay que destacar al poeta incansable, a ese ser especial que trabaja con artesanía la palabra a pesar de todo, así como también al editor tanto de un fondo editorial y de esa hermosa revista que se llamó Predios, y que de alguna manera sentó cátedra en cuanto a publicación cultural y literaria se refiere, sin mencionar los Cuadernos de la memoria… Otro aspecto destacable de Pedro es el de promotor cultural. Todo su trabajo en conjunto nos ofrece el retrato de un escritor referencial en el acervo literario no sólo del estado Bolívar, sino del país”.


En lo particular tengo los poemas de Pedro Suárez como postales de una geografía inmóvil que se recorre a zancadas con palabras:

Brecha
Nada me pertenece
esta respiración
la escuché en la escuela
—hace veinte años
Este ritmo no es mío
es de un poeta que admiro
y no conozco
Aquel caballo tampoco
me lo prestaban para que lo cansara
para que oliera puerta
y diera pecho al toro
Con este hoy
pasa igual
me tiene y trajina a su antojo
intenta borrar lo que es recuerdo
se ensaña
no deja pasos
me obliga a repetir itinerarios
en el corazón
de otros.

Existe una belleza bruñida de extrañeza en los poemas de Pedro Suárez. En algunos se narra una historia esquiva, huidiza:

Misiva
La carta
habla de un triste destino
nombra un caballo
la huida de dos
describe un grito
el final de un incendio
Más allá del papel
quedó la casa
los armarios
una medalla desgastada
como la escena de una vieja película
y el recuerdo
con la tarea de imponer un olvido
que no se cumple.

Martha Elena Jansen Sierra, en el libro antológico Con áureos buriles (Publicaciones Fondo Editorial Uneg), destaca este carácter narrativo en la poesía, y sobre todo de los haikús, de Suárez: “…puedo evidenciar la intención de sus haikús, en los que relata un día domingo desde la mañana hasta la noche, observando cada detalle de ese día, en el que pudo transformar la realidad en hermosas y asombrosas imágenes, que resultan de la manera en la que uti­lizó las palabras. Me parece maravillosa la idea de relatar historias con pocas palabras”.

En una oportunidad parodié su estilo como articulista. Centré mi pastiche en su barrido visual del día a día. Sus textos ensayísticos surgen de su observación minuciosa de la cotidianidad y no estaban exentos de cierto retorcido humor. Leamos un fragmento de su artículo “Escribidor y sin tía Julia”, en la que anota aspectos de ese proceso que se llama escribir: “A diferencia de andar en bicicleta, a escribir nunca se aprende. Que hay autores con cientos de libros publicados, quién puede negarlo, aun así estos ensayistas o novelistas de fama sufren el síndrome del payaso antes de salir a escena: temen hacer el ridículo. En definitiva, esquivar la orfandad que sigue al punto final es una constante que pocos confiesan pero que muchos sufren. A ver si me entienden, trato de encontrar una razón que justifique esto que aquí escribo. Leo y releo, tacho, añado, borro, agrego; releo, leo, consulto el diccionario, pienso en la palabra adecuada, me pregunto si es la mejor. Borro, quito, pongo, maldigo un adverbio, esquivo un adjetivo, borro, añado, quito. Así, todo el tiempo, y esa sensación de que te estrenas en un oficio del que apenas tienes idea. Al que no le tiemblen las manos ante la frase que da inicio a un texto, que tire la primera piedra”.

Roberto Brodsky ha escrito que “un escritor es una intuición, y supongo que existen tantas intuiciones como maneras de seguir esa huella del aire en que termina convirtiéndose cada uno al abordar el trabajo de la escritura, que es el arte de la transformación. Porque escribir es transformarse”. No cabe duda de que Pedro Suárez se ha transformado en ese escritor que convierte la vida en una metáfora respirable, que convierte la realidad en una emoción deleitable y jugosa ataviada de palabras. La vida es un extenuante asedio y Pedro Suárez sabe a cabalidad que desde la trinchera de la escritura se hace la mejor resistencia, la más duradera y trascendente.

Tomado de:
https://letralia.com/ciudad-letralia/notas-desabrochadas/2018/10/08/pedro-suarez-y-el-poema-como-geografia-postal/

Carlos Yusty


Escritor y pintor venezolano (Valencia, 1959). Cofundador del grupo literario Los Animales Krakers y de la revista Zikeh. Dirige en la web la página Arteliteral. Su última exposición conceptual es la revista ensamblada La Tapa del Frasco (2015). Ha publicado los libros Pocaterra y su mundo (1991), Vírgenes necias (1994), De ciertos peces voladores (1997), Dentro de la metáfora: absurdos y paradojas del universo literario (2007), Para evocar el olvido y otros ensayos inoportunos (2007) y Poéticas del ojo (2012).

jueves, 20 de septiembre de 2018


Adelmos


El “pobretismo” es el escenario mental donde prosperan dos árboles de raíces profundas, el primero es el populismo que utiliza el autócrata para someter al pobre de espíritu; y el segundo que más que una condición del alma es el que sirve para que el avaro atrape a incautos y para que le alivie la conciencia en el acto de negarse cualquier deseo de comodidad, cuando no le sirve para justificar sus recurrentes tropiezos con el placer y la abundancia.

Adelmo Ortega

miércoles, 30 de mayo de 2018

Editable




Que hay vidas recosidas, a las que se le añade párrafos cada tres días, reescritas al calor de infamias y victorias, sometidas a elución, es verdad. Sí, nada lo impide ni tiene porque despedir el tufo deleznable de la censura, la autocensura. Luego, todo debería ser editable, menos la mentira. Bueno, barajo, eso de dejar intacta la mentira es un despropósito si no la literatura sería un arrume de chatarra oxidada y las noches serían más largas, aburridas como las quejas de conserje. Hasta aquí.

 La maldita guerra El amor es el silencio más fino, el más tembloroso, el más insoportable. Jaime Sabines Mientras las bombas caen, si se ag...