sábado, 17 de enero de 2015


Pensar duele 
Por Pedro Suárez 

Francisco le pregunta que es si es ingeniero. Le responde que es abogado pero que tiene un posgrado en hidráulica. Me quedo pensando, qué tiene que ver la neumática con el Código procesal penal o con el Derecho tributario. Miro de soslayo a Francisco e imagino que piensa lo mismo que yo. Me hago el desentendido, aplico así una máxima que me acompaña desde niño y que causa malestar entre quienes me la escuchan: Si no entiendo, no pregunto.

La poesía es triste, es una vaina de muertos, espeta el maestro en hidráulica. Hace días intenté leer a una poeta polaca y no la entendí, no vuelvo más a la poesía, cierra con desilusión. Francisco trata de explicarle que hay poetas graciosos, le recuerda a Quevedo y le habla de su Poema al pedo. Lo que no puede ser un poeta es un payaso porque el oficio de bufón es un asunto en extremo exigente y serio; la poesía es más de cabalgar la palabra, de ritmo y preguntas, más que de respuestas. Hay una erótica en el acto creativo, y leer complementa ese ejercicio. Un texto cumple su función cuando otro lo lee, que es como una manera de reescribirlo. Pero para eso hay que educar el espíritu, tercia el abogado. Yo afirmo con la cabeza, y añado, tienes razón. 

@pedrojsuarez

viernes, 16 de enero de 2015


Viva el Talión
Por Pedro Suárez 

Si me dan les doy. Mosca pues.

Los humoristas tienen mucho de catcher de béisbol, no se les escapa una, o casi ninguna. Hacen mofa, por igual, de la rigidez de un cadáver que de la chica que, tras enredar los tacones de sus zapatos, somete la rinoplastia al polvo de las escaleras mecánicas del centro comercial donde pasea la estrechez de una minifalda que la convierte en una fabrica de deseos.

Sin querer queriendo, como el Chavo del 8, el Papa Francisco se llevó en los cachos la orden de cero tolerancia a la violencia que Jesús, su jefe inmediato, impartió a los apóstoles. Ordenaba el de Nazareth que ¨si alguien te pega en la mejilla derecha, ofrécele también la otra¨. El negocio les agenciaba el doble de las trompadas pero, para el hijo de María, dejaba en pelotas a la belicosa ley del Talión. Ahora, mira tú, Jorge Mario Bergoglio cambia el ramo de olivo por las imprecaciones de barras brava y en el vuelo de Alitalia que hacia el trayecto entre Sri Lanka y Filipinas manda de paseo a las mejillas, esa parte de la cara que ha servido de pasaporte a innumerables hombres y mujeres para que entren en la nómina del santaroral de la iglesia católica. 

Apología al  terrorismo gritan desde los ascensores y las redacciones. Qué importa. ¿No están los tribunales dirimir y exigir reparos? Se preguntan desde los micrófonos de programas de opinión. A mí me viene a la memoria el canto del gallo que le recordó a Pedro las tres veces que había negado a Jesús. No olvido tampoco la frase de Augusto Monterroso donde nos informa que “Es más fácil que que una mosca se pare en la nariz del Papa a que el Papa se pare en la nariz de una mosca“. ¿Será una mosca la que acudió a la nariz del Papa por su frágil condena a la violencia? Me pregunto yo.

@pedrojsuarez

jueves, 15 de enero de 2015

Este es el punto
                            Por Pedro Suárez 



Los gringos sienten fascinación por las historias de crímenes horrendos y por las ventosidades.  A la primera de estas costumbres debemos la célebre novela A sangre fría, de Truman Capote; y a la segunda, momentos regalados a la risa en películas, series de televisión, entrevistas, vídeos urbanos y caseros. Se podría decir que el culto al crepitus ventris que profesan los paisanos de Barat Obama compite en devoción con los versos, de los más graciosos escritos en lengua española, que el atrevido Francisco de Quevedo le dedicó a los descuidos del inquilino que habita en los derredores donde la espalda pierde su nombre y que en el título se explica airadamente: Poema al pedo.

Es fama que los gringos rinden culto, también, a la verdad. Cuando vas a sacar la visa lo primero que te dicen es: no vayas a mentir, di siempre la verdad que ellos lo saben todo. La primera ministra de Alemania olvidó esto último, que lo saben todo, y se le fue la lengua en el uso de su teléfono. Pero eso es otro asunto. A los gringos les encanta una guerra, tanto como aman las grasas y la comida rápida. Tal es la cantidad de grasas que consumen que su ingesta se ha convertido en un problema de salud pública, de suerte que un grupo de médicos de la Asociación Estadounidense del Corazón dictaminó que los ácidos grasos afectan el cerebro, concretamente la zona que gerencia la memoria, se traga los recuerdos quieren decir. A propósito, tengo más de 10 minutos preguntándome de qué va este articulo. No me acuerdo. Anoche cené en McDonald´s, lamenté mucho la falta de las papas fritas. 

Twitter @pedrojsuarez
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miércoles, 14 de enero de 2015



Fábulas
Por Pedro Suárez


El día más feliz de su vida fue cuando le entregaron el diploma en Derechos Humanos, nunca pensó que lo lograría, en una hiena era como incompatible.
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La tortuga compró ticket para las nueve, iba a cumplir su sueño: saludar a Ulises, después de haberlo derrotado.
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El cocodrilo esperó, esperó y esperó pero el oftalmólogo no llegó, regresó triste quería un tratamiento para las lagrimas.
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La luciérnaga fue detenida al medio día, volaba como Diógenes, con la lámpara de su culito encendida y preguntando por un hombre honesto.
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La vaca reclamaba furiosa el micrófono, ocurre que su sueño era el canto lírico.
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El gato, ofendido, prefirió la pared y estornudó enojado en la alfombra roja.
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Extrañado, el elefante no lograba entender el por qué lo habían asignado al departamento de preservación de prestamos y objetos perdidos.
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La hormiga fue a pedir trabajo y le ofrecieron una jornada de 20 horas diarias, no la acepto porque detestaba el ocio.
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El zorro está feliz, se casó con una gallina del negocio del golf, ahora prefiere los menú a la carta.
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La gallina está feliz porque puso ocho pelotas de golf, en adelante renunciará al huevo, el golf le parece mas rentable.
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martes, 13 de enero de 2015



La enfermedad de Charlie Hebdo
Por Pedro Suárez

El camino lo hacíamos a pie, para aquel tiempo todas las distancias las hacíamos a pie. El pueblo en el que había nacido era tan pequeño como mi dedo meñique, hoy, acaso, como el pulgar de mi mano izquierda. Sigue igual de pequeño, se entiende. El caso era que los primeros lunes de cada mes, tipo 4.30 de la tarde, llegaba, conducido por la severa mano de mi madre, a la barbería de Vincenzo, un italiano de cara huesuda y cuerpo espigado que saltó el Atlántico y cayó en Upata desde su empobrecida Agriento de finales de los años 50 del siglo pasado. Me recibía Vincenzo con una sonrisa Marlboro, fumaba como un tren el hombre, y mientras le salía humo por las orejas me decía: - ¿Cómo andiamo Pietro? Conservo, por encima del olor a nicotina que emanaba de su ropa y respiración, la calidez de su sonrisa. Así fue hasta que me hice adolescente, y luego hombre, hecho y derecho, como se decía.


En la escuela aprendí a leer con el hijo de unos italianos que hacían el mejor pan francés que he comido en mi vida. Al cine iba con los hijos de unos árabes que llegaron al pueblo vendiendo telas.  Una de mis primeras novias era hija de un portugués que tenía una licorería. Mi vecino de la calle El Calvario, un español que distribuía gas doméstico, dueño de una cristalería donde solo picaba vidrios para ventanas, tenía el carácter más estruendoso que jamás conocí y era anarquista por convicción. Anduve desde siempre entre otros idiomas y sabores; aromas de cocinas que no eran los de mi casa me llevaron a otros platos, nuevas culturas. Conocí, al mismo tiempo, la burla y el escarnio con el que en muchas ocasiones trataban a mis amigos, bullying lo llaman ahora. Más de una trompada me dieron por defender a un “italiano come burro", y en no pocas oportunidades mis amigos musiú dieron trompadas para defenderme de la canalla. De allá viene mi respeto por lo diverso. Me incomoda cualquier asomo de chauvinismo, pienso que es una dolencia que encuentra su caldo de cultivo en la estupidez y se alimenta en la intolerancia religiosa, racial y política. La masacre de Charlie Hebdo resume la enfermedad.

@pedrojsuarez



lunes, 12 de enero de 2015



Cosas de Twitter
Por Pedro Suárez




Un trago te salva, pero en ocasiones ni eso. Entonces llega esa cosa mínima pero más grande que el Roraima y mas ancha que el Orinoco: el verso.
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Peor que un intelectual alcahueta, es un alcahueta intelectual.
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Cazar la luz detrás de los párpados caídos, como J.L. Borges, saber que el laberinto del destino puede llegar a ser un crucigrama de babiecadas.
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En la Edad Media las mujeres no agraciadas se hacían retratos con un mono en el regazo, así el espectador decía: "que feo ese mono".
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Escribiré una novela de cinco caracteres: Aleph, se llamará y será una imitación de los parpadeos de J.L. Borges.
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Es aconsejable que un escritor de obituarios sea un humorista, y no lo contrario.
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Confio más en el verso que en el poema, allí respira con más libertad la poesía.
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Para los que consideran que 140 caracteres son insuficientes los invito a leer un haiku de Matsuo Basho o de Juan José Tablada.
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El mármol puede pulir la suela de tus zapatos, enfriar tus nalgas en tardes desganadas, lo que no hará por ti es un Moisés.
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Leer a Cioran es como tragarse una taza de aceite de higuereta con el estómago vacío y la mente en blanco.
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El adjetivo es un animal de carroña que se refocila en los débiles, y sirve de cebo para los aprendices de tirano.
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El acto poético queda, entonces, como una criba para ordeñar desesperos, navegar ternuras, y tomar distancia de la barbarie.

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 La maldita guerra El amor es el silencio más fino, el más tembloroso, el más insoportable. Jaime Sabines Mientras las bombas caen, si se ag...