martes, 20 de enero de 2015

El botín 
Por Pedro Suárez 


Debemos a la promesa del botín parte de la sangre derramada a manos de ese animal bruto y muchas veces despiadado que llaman hombre. Atila, al que amablemente se le conocía como el Azote de Dios, hubiese terminado como un menesteroso de no haber insuflado a sus mercenarios con la adrenalina de la recompensa que descubría el carbón y la muerte en cada una de sus incursiones armadas. 

Todos quieren algo. Terroristas le cortan el cuello como gallina a periodistas infieles, y alegan que lo hacen en nombre de Dios. De suerte que para esa gente el cielo es un botín que, entre otras formas, se puede alcanzar por la vía rápida, la que da filo a la espada. Eso explica que vistan a niñas de explosivos y las envíen con su carga mortal a cosechar ángeles en centros comerciales. Para el dictador, el botín es el poder. Para el avaro, la usura. Para el funcionario público, los dineros del Estado. Para el malandro, la sorpresa. Hay una necesidad de llevarse algo, de someter con la idea o el plomo a los otros. Todo está en disputa, la religión, las fronteras, las ideas, pero lo que mueve es el botín. Si no me cree, abra el periódico con ojo crítico y lea, no la línea sino la entre línea.
@pedrojsuarez

lunes, 19 de enero de 2015


La curvatura del almendrón

Por Pedro Suárez 




De niño canibalizaba los frutos de un gigantesco árbol de almendrón que daba sombra a uno de los patios internos de la escuela pública donde cursé mis estudios de primaria. Era una escuela como ya no las hacen, tan grande que en los recreos me perdía en sus jardines. Tan grande que me permitía disfrutar sus espacios por temporadas. Una semana visitaba el área donde estaban las canchas de voleibol y de fútbol,otra me iba al parque de toboganes y columpios. Había un espacio poblado de inmensos árboles de caucho y caoba, era de mis preferidos. El teatro, una boca de lobo donde las palomas criaban piojos.

Para ese tiempo era un niño más alto que el promedio, y tenía un maestro más bajo que el promedio. Este dicho maestro se divertía ejerciendo autoridad. Si cometía alguna travesura, tipo dar de zancadilla a uno de mis condiscípulos, y la noticia llegaba a sus oídos, se acercaba y me señalaba con el índice: - Suárez, ven un momento. Acto seguido se apoderaba de una de mis patillas y templaba hacia arriba. Dije antes que el maestro era más pequeño que el promedio, y todo lo demás. Yo me levantaba de puntillas y al maestro no le alcanzaba brazos para ejercer precios en la mata de pelos que avecinaban mis orejas. Así amainaba el dolor. Hasta allí y de ese tenor los grados de violencia en aquella escuela de mi niñez. Hoy leo en el periódico que un estudiante de once años le disparó a quemarropa a un compañero de clases. Han cambiado las cosas. 

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domingo, 18 de enero de 2015

Palabras contra la pared
 Por Pedro Suárez

Vaya usted a saber por qué pero a eso de las tres de la tarde la palabra llegó con gran escándalo y se presentó, dijo que era sinecura.
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Ocurre a capricho, hoy la palabra Periforeto, que así llamaban al griego Artemón, el primer hipocondríaco de la historia, toca a mi puerta.
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No sé si lo registré antes pero esta mañana la palabra cardamomo puja por recordarme el nombre de una novela que leí en mi adolescencia.

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Se apareció de improvisto, diría que venía con el olor del café, y armó sus sílabas sin preguntar, a su antojo, era la palabra Cronopio.
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Se trata de una concatenación insufrible, cada vez que leo su nombre la palabra cutre se arrellana en el sofá de mi mente y me muestra la cara de un avaro.
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La vi que se derribaba desde lo alto de sus zapatillas, y antes de que cayera al suelo la palabra tronchante soltó las risas.
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El semáforo encendió la luz amarilla y la palabra chirigota estalló en mi mente, de allí la luz verde y seguí.

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Al pie
Los textos que van arriba han sido publicados, con pequeñas variaciones, en mi cuenta de twitter: @pedrojsuarez, cuando los escribí pensé que me serían de utilidad para otros textos, todavía lo pienso. De momento, quedan aquí como leña para un fuego que a lo mejor nunca enciendo.
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sábado, 17 de enero de 2015


Pensar duele 
Por Pedro Suárez 

Francisco le pregunta que es si es ingeniero. Le responde que es abogado pero que tiene un posgrado en hidráulica. Me quedo pensando, qué tiene que ver la neumática con el Código procesal penal o con el Derecho tributario. Miro de soslayo a Francisco e imagino que piensa lo mismo que yo. Me hago el desentendido, aplico así una máxima que me acompaña desde niño y que causa malestar entre quienes me la escuchan: Si no entiendo, no pregunto.

La poesía es triste, es una vaina de muertos, espeta el maestro en hidráulica. Hace días intenté leer a una poeta polaca y no la entendí, no vuelvo más a la poesía, cierra con desilusión. Francisco trata de explicarle que hay poetas graciosos, le recuerda a Quevedo y le habla de su Poema al pedo. Lo que no puede ser un poeta es un payaso porque el oficio de bufón es un asunto en extremo exigente y serio; la poesía es más de cabalgar la palabra, de ritmo y preguntas, más que de respuestas. Hay una erótica en el acto creativo, y leer complementa ese ejercicio. Un texto cumple su función cuando otro lo lee, que es como una manera de reescribirlo. Pero para eso hay que educar el espíritu, tercia el abogado. Yo afirmo con la cabeza, y añado, tienes razón. 

@pedrojsuarez

viernes, 16 de enero de 2015


Viva el Talión
Por Pedro Suárez 

Si me dan les doy. Mosca pues.

Los humoristas tienen mucho de catcher de béisbol, no se les escapa una, o casi ninguna. Hacen mofa, por igual, de la rigidez de un cadáver que de la chica que, tras enredar los tacones de sus zapatos, somete la rinoplastia al polvo de las escaleras mecánicas del centro comercial donde pasea la estrechez de una minifalda que la convierte en una fabrica de deseos.

Sin querer queriendo, como el Chavo del 8, el Papa Francisco se llevó en los cachos la orden de cero tolerancia a la violencia que Jesús, su jefe inmediato, impartió a los apóstoles. Ordenaba el de Nazareth que ¨si alguien te pega en la mejilla derecha, ofrécele también la otra¨. El negocio les agenciaba el doble de las trompadas pero, para el hijo de María, dejaba en pelotas a la belicosa ley del Talión. Ahora, mira tú, Jorge Mario Bergoglio cambia el ramo de olivo por las imprecaciones de barras brava y en el vuelo de Alitalia que hacia el trayecto entre Sri Lanka y Filipinas manda de paseo a las mejillas, esa parte de la cara que ha servido de pasaporte a innumerables hombres y mujeres para que entren en la nómina del santaroral de la iglesia católica. 

Apología al  terrorismo gritan desde los ascensores y las redacciones. Qué importa. ¿No están los tribunales dirimir y exigir reparos? Se preguntan desde los micrófonos de programas de opinión. A mí me viene a la memoria el canto del gallo que le recordó a Pedro las tres veces que había negado a Jesús. No olvido tampoco la frase de Augusto Monterroso donde nos informa que “Es más fácil que que una mosca se pare en la nariz del Papa a que el Papa se pare en la nariz de una mosca“. ¿Será una mosca la que acudió a la nariz del Papa por su frágil condena a la violencia? Me pregunto yo.

@pedrojsuarez

jueves, 15 de enero de 2015

Este es el punto
                            Por Pedro Suárez 



Los gringos sienten fascinación por las historias de crímenes horrendos y por las ventosidades.  A la primera de estas costumbres debemos la célebre novela A sangre fría, de Truman Capote; y a la segunda, momentos regalados a la risa en películas, series de televisión, entrevistas, vídeos urbanos y caseros. Se podría decir que el culto al crepitus ventris que profesan los paisanos de Barat Obama compite en devoción con los versos, de los más graciosos escritos en lengua española, que el atrevido Francisco de Quevedo le dedicó a los descuidos del inquilino que habita en los derredores donde la espalda pierde su nombre y que en el título se explica airadamente: Poema al pedo.

Es fama que los gringos rinden culto, también, a la verdad. Cuando vas a sacar la visa lo primero que te dicen es: no vayas a mentir, di siempre la verdad que ellos lo saben todo. La primera ministra de Alemania olvidó esto último, que lo saben todo, y se le fue la lengua en el uso de su teléfono. Pero eso es otro asunto. A los gringos les encanta una guerra, tanto como aman las grasas y la comida rápida. Tal es la cantidad de grasas que consumen que su ingesta se ha convertido en un problema de salud pública, de suerte que un grupo de médicos de la Asociación Estadounidense del Corazón dictaminó que los ácidos grasos afectan el cerebro, concretamente la zona que gerencia la memoria, se traga los recuerdos quieren decir. A propósito, tengo más de 10 minutos preguntándome de qué va este articulo. No me acuerdo. Anoche cené en McDonald´s, lamenté mucho la falta de las papas fritas. 

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miércoles, 14 de enero de 2015



Fábulas
Por Pedro Suárez


El día más feliz de su vida fue cuando le entregaron el diploma en Derechos Humanos, nunca pensó que lo lograría, en una hiena era como incompatible.
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La tortuga compró ticket para las nueve, iba a cumplir su sueño: saludar a Ulises, después de haberlo derrotado.
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El cocodrilo esperó, esperó y esperó pero el oftalmólogo no llegó, regresó triste quería un tratamiento para las lagrimas.
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La luciérnaga fue detenida al medio día, volaba como Diógenes, con la lámpara de su culito encendida y preguntando por un hombre honesto.
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La vaca reclamaba furiosa el micrófono, ocurre que su sueño era el canto lírico.
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El gato, ofendido, prefirió la pared y estornudó enojado en la alfombra roja.
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Extrañado, el elefante no lograba entender el por qué lo habían asignado al departamento de preservación de prestamos y objetos perdidos.
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La hormiga fue a pedir trabajo y le ofrecieron una jornada de 20 horas diarias, no la acepto porque detestaba el ocio.
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El zorro está feliz, se casó con una gallina del negocio del golf, ahora prefiere los menú a la carta.
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La gallina está feliz porque puso ocho pelotas de golf, en adelante renunciará al huevo, el golf le parece mas rentable.
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 La maldita guerra El amor es el silencio más fino, el más tembloroso, el más insoportable. Jaime Sabines Mientras las bombas caen, si se ag...